Hace muchos años, en el afán de apoyar a los deportistas que no contaban con medios económicos, hacer lo que se llamaba “bolsillo común” permitía que las actividades sigan su curso. Una de las creaciones más recordadas fueron las peñas, término que sobre todo se impuso en el automovilismo -una disciplina que siempre fue cara- para ayudar a los pilotos. Los años pasan y aquello que era un esfuerzo común de familiares, amigos y fanáticos, se ha mantenido, ahora bajo un término muy arraigado: “a pulmón”. Es en ese contexto -no exento de precariedad, improvisación y falta de verdadero apoyo oficial y privado-, en el que hoy muchas actividades pueden seguir haciéndose. Y cada uno de esos esfuerzos entrega de manera sistemática emotivos ejemplos de hombres y mujeres que lo dan todo, tanto con su creatividad para conseguir fondos, como con su ejecutividad para llegar al objetivo de concretar torneos o de promover una participación individual. No importa en esto que lo que esté en escena sea una competencia vecinal o un mundial: ese “a pulmón” aflora como un grito de rebeldía ante un sistema que se resiste a ayudar, pero que termina colgándose del saco del triunfo si el/la deportista en cuestión alcanza lo más alto de un podio.
El concepto implica muchas cosas: gestiones, trámites, pedidos, reuniones. Un ir y venir que involucra autorizaciones, firmas, vistos bueno. Pero ese “a pulmón” no termina ahí. Sigue su curso durante la etapa competitiva, e incluso después de ella. Se sabe, todo aquello que no cuente con una programación aceitada, con una carpeta sólida de auspiciantes y con un equipo numeroso, está destinado a enfrentar una lucha denodada para poder salir adelante.
Con el entusiasmo por delante, valen ideas de lo más variadas para acercar fondos. Rifas, subastas, venta de algún bien, canjes, son válidos. Cuando no, acudir al propio peculio. En esencia, tanto esfuerzo no es solamente propiedad del deporte. Manifestaciones culturales y artísticas, organizaciones que tienden al bien público, hasta iniciativas que buscan fomentar el conocimiento, terminan por acudir a estas fuentes de apoyo.
Y aunque lo anteriormente expuesto mantiene su vigencia, los años recientes trajeron también el fenómeno del casi único apoyo de los distintos organismos oficiales. El cual no siempre cubre las necesidades. En consecuencia, el “a pulmón” se sostiene, sin que en ese afán se pierda de vista el objetivo.
Tucumán puede contar un sinnúmero de historias sobre estos esfuerzos. Vale simplemente echar un vistazo a la gran cantidad de acontecimientos que semana a semana tienen lugar, para entender que, detrás de cada programación, hay una fuerza organizativa que impulsa y sostiene al deporte.
Precisamente en un día como hoy, en el que se festeja el Día Provincial del Atleta, promovido mediante la ley 8.616 en honor a la memoria de Miguel Sánchez, desaparecido durante la pasada dictadura militar, es que es válido también rendir homenaje a todas aquellas personas que, desde el anonimato, luchan por mantener vivo al deporte, en todos los ámbitos. Se trata de héroes sin capa ni poderes extraordinarios, pero con un poder de lucha que debe ser reconocido. Son personas que entienden lo mucho que contribuyen al bienestar social con gestos, acciones y un espíritu inquebrantable. Para ellos, el “todo a pulmón” es un desafío. Y para el resto de la sociedad, una realidad que indaga e interpela sobre los verdaderos valores de una actividad que es mucho más que un entretenimiento o un pasatiempo.